Poyecto GóngoraEl pasado Lunes 9 de Diciembre fue el esperado primer día de servicio. Todo está listo, ya no hay vuelta atrás. Todo lo que quisiéramos haber hecho debe estar preparado. Y así fue, todos nuestros deseos llevados a cabo, todos los detalles pulidos hasta brillar y todos los nervios atados con bridas para contener la congoja. La gente comienza a entrar y el servicio comienza a fluir. Las sonrisas se apoderan de todos,  los aromas se escapan de los fogones y los corazones se llenan de emoción.

De repente entre la distracción, “tenemos los tres primeros”—dijo uno. Un escalofrío recorrió nuestro cuerpo, empezamos a sudar y a surgirnos más dudas aun.  ¿Qué hacemos, cómo estamos distribuidos? ¿Me faltará algo en la mice en place? ¿Cómo eran las preguntas?, !Dios no me acuerdo cual era ni para que plato!

Siguen llegando más clientes… tarde…  fuera de nuestra perspectiva horaria, ya no hay vuelta atrás. Que sea lo Dios quiera. ¿El maridaje será bueno, serán más potentes los vinos que la vianda…?

A partir de aquí, no puedo describir más detalles, hay que estar en ese momento para sentirte como un músico con su instrumento en una orquesta sinfónica, donde cada instrumento por sí suena, y donde justo antes del concierto no existe un desafino mayor en la vida, intentando establecer unos tonos correctos. Y cuando se levanta la batuta del director, que en nuestro caso eran los propios clientes, todo parece “salido de un cuento de hadas”, las piezas se engranan sin problemas, cada uno cocina como si lo hubiera hecho durante una eternidad, todo perfecto, y la música empieza a sonar en nuestro oídos, el mejor sonido: dulce, delicado, sabroso, divertido… momentos inolvidables, irrepetibles. Era tan grandiosa esa música celestial que podríamos  haber dado todos los servicios del mundo y ni nos habríamos dado cuenta.

Esos momentos son el sueño de todo cocinero. Ver la sensación de los comensales, al ver su plato, tu obra de arte efímera, sabiendo que con la primera inserción del tenedor en esa armonía, el arte desaparecerá.

Gran día, sin duda.

Parte de la reflexión de un Gongoriano, Antonio Sanchez, el gran animador y despertador de sonrisas del equipo, el gran soñador despierto que rompe los esquemas de la lógica humana. Nuestro padre de la locura. Un grande.

Decir que entre los asistente tuvimos la grata presencia de familiares de los miembros del equipo, miembros del equipo patrocinador  de Azpilicueta,  y nada más nada menos que los miembros del comité de expertos del futuro Instituto del Vino-BCC Wine,  en él se encuentran, el presidente de Vega Sicilia, Pablo Álvarez, el presidente de Rioja Alta, Guillermo Aranzabal y Mikel Zebrio, reconocido menester de la cultura y quehaceres de la buena mesa y sus entresijos, entre otros.

Nos sentimos muy agradecido al BCC por confiar en nosotros para representar al centro en este acto.

A continuación os dejamos las imágenes de este día. Esperamos que os gusten!

Del Experiences team, con afecto y cariño!

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